Cuando te cuesta hacer de reportero

En abril de 2007 al equipo de la corresponsalía de TVE en Washington nos  tocó cubrir la matanza en la universidad de Virginia Tech, donde un estudiante mató a 32 personas. El viernes la matanza en la escuela de Newtown me trajo esos recuerdos y en twitter comenté que además de la tragedia me venía el recuerdo del despliegue mediático. Apabullante. Incómodo.

Llegamos de noche al campus y por lo tanto no fue hasta el amanecer cuando nos dimos cuenta de la proporción, o desproporción, del despliegue. El campus estaba en una especie de hoyo lo que hacía aún más impresionante ese despliegue cuando te aproximabas por la carretera en un alto. Al llegar la vista se topaba con un mar blanco de camiones con satélite para las transmisiones de las televisiones. Es una de las consecuencias de la prolifereación de medios, los informativos 24 horas y las facilidades técnicas para transmitir. Es noticia y no hay medio que no quiera contarla. Y contarla a todas horas.

Las universidades en los EEUU son ciudades, no edificios integrados en una población, y eso permitió a la dirección de Virgina Tech alejar a los alumnos, víctimas en mayor o menor grado, de la invasión mediática. Les recomendó volver a casa -casa suele estar a varios o muchos kilómetros, en otro estado a menudo- con lo cual “la escena del crímen” quedó al segundo día casi vacía de testigos a quienes entrevistar. Una de las crónicas que hice fue del malestar que me producía esa sensación. Recuerdo en especial la entrevista a una alumna, una de las pocas que quedaban, rodeada de por lo menos media docena de equipos de televisión. En esos casos siempre hay algún coordinador o coordinadora en la redacción central que te pide que no hagas más esos comentarios, que queda fatal decir que los medios estamos montando un circo desproporcionadamente invasivo mientras seguimos contando la historia.

El viernes la matanza en la escuela de Newtown me trajo esos recuerdos y comenté en twitter que imaginaba el despliegue apabullante, y aún más incómodo para muchos de mis colegas, en que debía de haberse convertido en cuestión de horas esa población de Connecticut cuyas autoridades, a diferencia de las de Virginia Tech, no pueden mandar a casa a testigos y afectados y vaciar el lugar. Porque ese lugar, Newtown, es su casa.

Uno de los muchos -en los despliegues de la BBC siempre son muchos- reporteros que BBC ha desplazado al lugar, Johnny Dymond, hace esa reflexión en la web de la cadena. 

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