Sicilia. 25 years challenge

“¿A que es bonita Sicilia?” “Pero es bonita Sicilia, ¿verdad?” “Decidlo, decidlo, decid que Sicilia es bonita”.

En cada hotel, en cada restaurante, en cada lugar que parábamos aquel junio de 1994, la primera vez que visité Sicilia, la pregunta seguida de ruego era siempre la misma: confirmar que nos gustaba la isla y pedirnos que hiciéramos proselitismo. Preguntaban con esa fórmula tan italiana que afirma e incluye la adversativa: “È bella, però, la Sicilia?!”. 

Ese “però”. Hace veinticinco años Sicilia en el extranjero era, fundamentalmente, un lugar asociado a la mafia y la pobreza. Yo fui porque mis amigos italianos llevaban tiempo recomendándome ese viaje. Por la belleza de la isla y la calidad de la comida. Les hice caso y Sicilia superó mis expectativas. Pero.

Pero era 1994. Apenas habían pasado dos años de “la strage di Capaci”, el atentado con explosivos que voló un tramo de la autopista entre el aeropuerto y Palermo, a la altura de Capaci-Isola delle Femmine, cuando pasaba por ella la comitiva del juez Giovanni Falcone, su esposa y los escoltas. Mayo de 1992. Dos meses después otra explosión superlativa asesinó al otro juez símbolo de la lucha del Estado de Derecho contra la mafia, Paolo Bosellino, y sus escoltas. Los jueces del “maxiproceso” a la mafia. Los dos asesinatos conmocionaron a Italia y, mucho más, la isla de Sicilia, cuya reputación volvía a mancharse de crimen y muerte.

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Merece la pena parar en el lugar habilitado en la autopista, y rendir homenaje ante el monolito que recuerda el atentado.

 

En junio de 1994 Sicilia era una isla deprimida económica y moralmente. Casi vacía de turistas. “Solo vienen italianos, romanos sobre todo, en agosto” nos decían. El lugar más turístico, desde que Goethe paseó por él, era Taormina, ese hermoso pueblo en lo alto de la montaña con un teatro griego cuyo escenario tiene como decorado natural nada más y nada menos que el mar Mediterráneo y el volcán Etna, cuando las nubes lo dejan ver. Era el lugar más turístico y buscando en el baúl de los recuerdos veo que, sin embargo, estoy sola en las fotos en el teatro. No había nadie más. Increíble, pero cierto. Hoy, en septiembre, tienes que dejar el coche en un garaje inmenso kilómetros antes de llegar al centro.

Entonces cada siciliano con quien intercambiaba un par de frases alargaba la conversación sin prisas, buscando la confirmación de que  ciertamente “la Sicilia è bella, però”,  recomendándome pueblos y playas que ver y, al final, rogando que lo contáramos: que Sicilia era un lugar bellísimo. Però. Bellísimo, a pesar de la mafia.

Veinticinco años después nadie, absolutamente nadie, ha buscado en mí la confirmación de que Sicilia es hermosa. Nadie, absolutamente nadie, ha pedido que lo vayamos contando. Casi que al contrario. Sicilia, en algunos lugares, está saturada de turismo.  “Hace dos meses que no puedo acercarme a la playa” me comentaba una camarera desbordada por el pluriempleo.

¡Cómo ha cambiado Sicilia en estos 25 años! Obvio, me dirán, anda que no han cambiado Barcelona, Málaga o Bilbao en 25 años. Sí, cierto. Pero el cambio en Sicilia…

Hace 25 años, por aquello de la película (El Padrino) y del periodismo, fui a Corleone. Fuimos tímidamente, discretamente, sin ganas de llamar mucho la atención. Un pueblo en la  ladera de una roca, en el interior occidental de la isla. Un café en el bar de la plaza con miradas silentes que decían: “otro par de turistas asustados que vienen por la mitología del cine y lo otro”.

Hemos vuelto y antes de llegar ya adivinas que las cosas han cambiado. El silencio se ha transformado en altavoz esquizofrénico: haciendo negocio de la inventada familia Corleone y reivindicando la lucha contra la mafia. 20190828_165727

“Dos y tres autocares al día vienen” comentó el dueño de un local donde te sirven solo la pasta que hacen al día. “Ahora esto está tranquilo, muy tranquilo. Y al turista, ni lo tocan”. Y al irnos satisfechos por la comida nos pidieron que entráramos en una de esas webs de consulta y dejáramos un comentario. ¡Menudo cambio!

El Padrino, la trilogía de Francis Ford Coppola, es una fuente de peregrinación para cinéfilos, entre quienes me incluyo, pero me ha incomodado ver cómo la mercantilización ha convertido en objetos, si no de culto, sí de cierto romanticismo o frivolidad los personajes ficticios interpretados por Marlon Brando y Al Pacino.

 

“La mafia no tiene nada de romántico. Es todo miseria, que no ha causado más que dolor y desgracias”. Con amargura y esta sentencia recibió un nuevo conocido mi relato sobre la industria turística a partir de la película. Yo no me sentí tentada en ningún momento de comprar ninguno de esos “souvenirs”, y no me quité de encima la incomodidad moral.

En Corleone está el Centro Internacional de Documentación sobre la Mafia y el Movimiento Antimafia. No es un museo, es el lugar que custodia los centenares de archivadores, miles de páginas del maxiproceso contra la mafia. Solo se puede visitar con acompañante-guía. En nuestro caso, Stefania, una voluntaria de 24 años. “¿Por qué soy voluntaria aquí? Porque necesito rescatarme. Porque cuando salgo en cuanto digo que soy de Corleone las miradas cambian. Necesitamos hablar, contar lo mala que es la mafia, el sufrimiento que ha provocado y que, además de mafiosos, en Corleone también hay gente honrada que se ha resistido a su poder.” “Contadlo” es precisamente la frase del juez Falcone que recibe al visitante en una placa.

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Si subir al Everest se ha convertido casi en un hacinamiento dominguero, cómo no habrá transformado Sicilia el turismo de masas. En San Vito lo Capo hace 25 años nos hospedamos en un hotel nuevo y modesto. Éramos los únicos huéspedes y al segundo día el dueño nos dijo que la mejor cocinera del pueblo era su esposa, y a partir de entonces en el desayuno nos preguntaba qué nos apetecía para cenar y en función de ello hacía la compra. Hoy ese mismo hotel, regentado aún por la misma familia, se nos sale de presupuesto. Como quienes conocieron la Costa Brava en los 70 y no la reconocen ahora, yo no he reconocido ciertos lugares de la isla, como San Vito o el Valle de los Templos en Agrigento, y he dicho eso de “ha perdido el encanto”. Pero me alegra ver que se puede pasear por zonas del centro y del puerto de Palermo que daban miedo, que ya no hace falta cazar al turista uno a uno, que además de El Padrino, otros muchos como yo van en busca de los escenarios donde se rodó Nuovo Cinema Paradiso o la serie Il Comissario Montalbano.

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“La piazza è mia!”. Palazzo Adriano

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“La casa di Montalbano”, Bed&Breakfast cuando no hay rodaje. Punta Secca

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El restaurante de la serie “Montalbano” existe. Punta Secca.

Y, sobre todo, que el recuerdo y los tributos a la lucha contra la mafia están tan presentes como la organización criminal que tanto daño ha hecho y hace.

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Ya en el aeropuerto publicitan recorridos antimafia

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El centro de divulgación antimafia de Palermo

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Mural en recuerdo de los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino. Puerto de Palermo

 

PD Creo que he batido un récord de ingesta de melanzane (berenjenas) en distintas modalidades, y he descubierto gracias a unos amigos la granita di mandorla tostata con panna en Scicli.

PD2. Gracias. Grazie, Graziella, Franco, Nacho, Miguel, María Cristina, Marcello y Flavienne.   

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Así ha emitido (y explicado) BBC la bruja de Oz/Thatcher

Entre la espada de herir la sensibilidad de la familia y de los seguidores de Margaret Thatcher y la pared de la libertad de expresión se ha encontrado la radio pública británica esta semana y lo ha solventado con una decisión salomónica.

La bruja está muerta 

La bruja es la de la canción “Ding Dong! The Witch is Dead” (“Ding dong, la bruja está muerta”) de la película “El mago de Oz”. Por el título la canción la han adoptado los antithatcheristas como un himno y ha dado pie a una campaña en las redes sociales para hacerla récord de ventas esta semana. Como Radio1 de la BBC tiene un programa los domingos (The Official Chart) dedicado a informar sobre cuáles son las superventas musicales de la semana, si “Ding Dong! The Witch is Dead” quedaba entre las canciones más vendidas, sobre todo si era de los top 10, o, más aún, los top 5, la BBC, la radio pública, tendría que emitirla.

Se pueden imaginar que con la muerte tan reciente de la exprimera ministra (el lunes pasado) y el funeral aún por celebrar (el próximo miércoles) y tratándose Margaret Thatcher de una figura tan polémica la cuestión no ha sido menor en el Reino Unido, y mucho menos para la BBC. No hace falta decir tampoco que tanto la familia de Margaret Thatcher como los políticos conservadores consideraban la iniciativa y la posible emisión de la canción una terrible falta de respeto. En la BBC eran conscientes de esa sensiblidad y no querían caer en la falta de respeto (ni en dar más argumentos a la derecha, que considera a la BBC vencida a la izquierda), pero igualmente era consciente de que, si el programa es sobre los récords de ventas y una canción es récord de ventas, tenían difícil justificar no emitirla y que no se entendiera que era por las presiones politicas, es decir, por censura.

Número 2

La campaña de los antithatcheristas ha sido un éxito y “Ding Dong! The Witch is Dead” ha sido la 2ª canción más vendia esta semana en el Reino Unido. 52.605 copias vendidas. Y BBC no lo ha acultado, lo ha emitido con una fórmula salomónica, de compromiso, que el director de Radio1 ha explicado varias veces durante la semana por escrito y en televisión. Porque en la BBC las decisiones, sobre todo si son polémicas, se explican a la audiencia que es su verdadero dueño porque es quien sufraga el ente público. Y, detalle no menor, si ven la explicación verán que el periodista de la BBC que lo entrevista pone en apuros al director de BBCRadio1.

La fórmula de compromiso ha sido que la canción sonara muy poco y que un periodista de la BBC la pusiera en su contexto, por qué una canción de 1939 se convierte de repente en la 2ª más vendida esta semana y por qué la figura de Margaret Thacher es tan polémica en el Reino Unido. Pueden escucharlo aquí (web BBC)

Como ironía, la canción dura 51 segundos y la explicación de contexto ha durado casi el doble, 1minuto 32 segundos.

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Thatcher transformó el Reino Unido. Y ahí se acaba el consenso.

Publicado originalmente en http://www.rtve.es  el 08/04/2013  http://www.rtve.es/noticias/20130408/thatcher-transformo-reino-unido-ahi-se-acaba-consenso/633861.shtml

Margaret Thatcher es la única primera ministra que ha tenido una estatua dedicada en el interior del Parlamento británico en vidaAhí está su estatua,frente a la de Winston Churchill, desde hace seis años.

Eso da idea de la dimensión que su figura tiene en la política británica. Thatcher ha sido uno de esos raros políticos bajo cuyo mandato (tres) se transforma el país. Thatcher transformó la economía y la sociedad británicas. Y ahí se acaba el consenso entre los británicos.

Unos loan que acabara con una economía basada en la industria y mucha intervención del Estado, con el poder de los sindicatos y con la dependencia de muchos ciudadanos de las subvenciones y los servicios públicos. Una de sus muchas frases célebres fue “no existe eso llamado sociedad”, la idea de que no es un grupo abstracto quien tiene derechos, sino los individuos. Que los individuos no deben confiar en que el Estado les resuelva los problemas, sino buscar soluciones por si mismos. Acabó con el pacto entre Estado y sociedad de postguerra.

Del Estado a los mercados

Para sus críticos Thatcher es la responsable del empobrecimiento del norte industrial y minero y la erosión del Estado del bienestar. La culpable de imponer el individualismo frente a la solidaridad. Bajo su mandato se privatizaron empresas y se liberó la regulación de las prácticas en la banca y los servicios financieros. Fue el Big Bang de la City.

Londres se disparó como capital financiera mundial y aún vive de aquel Big Bang. Sus admiradores destacan esa competitividad y ese liderazgo; sus detractores, el aumento de la distancia entre ricos y pobres, entre norte pobre y sur rico, y lo ven como la simiente de la crisis actual.

Orgullo nacional

La transformación económica y social del Reino Unido no explica la idolatría que despierta Margaret Thatcher en parte de los británicos. En los años 70 la economía no era lo único deprimido en el Reino Unido, también lo estaba el orgullo nacional. El Reino Unido estaba asumiendo que ya no era un imperio (había sufrido la humillación de ser rescatado por el FMI) y en estas llegó “Maggie” en un contexto internacional y una determinación personal que les devolvieron ese orgullo.

El contexto internacional fue la coincidencia en el tiempo y en lo ideológico con Ronald Reagan como presidente de los Estados Unidos en los años de agonía y posterior derrumbe de la URSS y el bloque soviético. Ese ir del brazo de los Estados Unidosles hizo sentir que la “special relationship” (la relación especial con los EEUU) volvía a estar vigente.

El otro escenario internacional donde Thatcher hizo sentir un liderazgo británico fuerte fue en la Comunidad Económica Europea con una actitud sintetizada en otra de sus frases célebres, “quiero que me devuelvan mi dinero”. Y la UE aún hoy le devuelve al Reino Unido parte del dinero que aporta a las arcas comunes.

Y sobre todo, la guerra de Las Malvinas. La contundencia militar con que respondió a la invasión y, por supuesto, la victoria fueron una inyección de orgullo para el país y, para ella, un salvavidas político. En 1981 Thatcher había batido un record de impopularidad con un el apoyo del 25% de los británicos y nadie creía que pudiera ser reelegida. Después de las Malvinas fue reelegida dos veces.

De ama de casa a primera primera ministra

Margaret Thatcher ha sido además el símbolo de la mujer que se impone en un mundo de hombres. Y no sólo una mujer, una mujer que no venía de las élites aristócratasque habían copado la cúpula del partido conservador, sino que era hija de un tendero (casada, eso sí, con un millonario habría que añadir) y llegó a los más alto. Un símbolo de la meritocracia y del avance de las mujeres.

Además de los méritos de Thatcher ese símbolo se vio respaldado por buenos expertos en imagen y la colaboración del incipiente grupo Murdoch, que proyectaron una cuidada imagen de mujer de clase media, de ama de casa que administra el país como administra su hogar. Modelaron su peinado, su vestuario y su timbre de voz. Y ella abrazó las técnicas de marketing televisivo como nadie antes en Europa.

Quienes trataron con ella cuentan que, a pesar de romper esa barrera de poder para las mujeres, no le gustaba trabajar con mujeres y que a menudo era coqueta en su trato con los hombres.

A Thatcher no la echaron de Downing St las urnas, sino su propio partido que llegó a la conclusión en otoño de 1990 de que era hora del relevo. En el momento de glosar su figura todos los líderes políticos británicos han coincidido en destacar que, se compartieran o combatieran sus políticas, fue una política con convicciones y que eso ya es algo que hace de ella una figura singular.

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Pedir perdón en nombre del Estado

Publicado originalmente el 21/03/13 

Pedir perdón en nombre del Estado y el sistema es lo que ha hecho la primera ministra de Australia, Julia Gillard. Perdón por lo que ha calificado de “errores vergonzantes del pasado”.

Esa vergüenza fue forzar a miles de madres para que dieran en adopción a sus hijos recién nacidos entre la década de los 50 y la de los 70. La mayoría eran jóvenes, muchas, adolescentes, y sus hijos iban a matrimonios sin hijos.

Una comisión del Senado abrió una investigación en 2010 y recogió testimonios de mujeres que contaron la presión de la época sobre las madres solteras y cómo muchas dieron su consentimiento bajo efectos de drogas o atadas a la cama, o como a algunas les falsificaron la firma.

La comisión concluyó que arrancaron a unos 250.000 recién nacidos en contra de la voluntad de sus madres. En esas prácticas concurrieron el gobierno, los hospitales, la iglesia y las organizaciones de caridad.

Una de las recomendaciones parlamentarias fue pedir perdón. Y eso es lo que ha hecho la primera ministra. “Este parlamento, en nombre de los australianos, asume la responsabilidad y pide perdón por las políticas y prácticas que forzaron la separación de madres de sus hijos lo que creó una herencia de dolor y sufrimiento de por vida”. Lo ha dicho en el auditorio del parlamento federal ante centenares de víctimas.

Los hospitales dependientes de la Iglesia Católica de Australia pidieron perdón hace dos años. La Iglesia católica es responsable de aproximadamente un 10% de la asistencia hospitalaria en Australia.

El Gobierno australiano además de pedir perdón destinará cinco millones de dólares australianos, unos 4 millones de euros, para apoyo a las víctimas.

Reino Unido, otro ejemplo de responsabilidad

Pedir perdón por el pasado es algo que hemos visto hacer en varios países en los últimos años. Por citar los casos más recientes, en Australia el anterior primer ministro, Kevin Rudd, pidió perdón hace cinco años por las políticas de discriminación y maltratoa la población aborigen. Y en noviembre de 2009 pidió perdón por el maltrato a niños que estaban bajo tutela del Estado en el pasado.

Muchos de esos niños, unos 130.000, eran británicos de familias pobres que las instituciones británicas mandaron a las colonias como mano de obra blanca y barata. El primer ministro británico, Gordon Brown, pidió perdón por el pasado en febrero de 2010. Su sucesor, David Cameron, pidió perdón en junio de 2010 por el Domingo Sangriento en Derry/Londonderry, 38 años antes.

En septiembre del año pasado Cameron pidió perdón por la tragedia del estadio Hillsborough 23 años antes. El mes pasado el primer ministro de Irlanda, Enda Kenny, pidió perdón por las condiciones en que trabajaron miles de mujeres pobres en las lavanderías de “La Magdalena” durante décadas.

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Benzema no canta la Marsellesa. Lecturas y debate sobre el himno.

Benzema no canta la Marsellesa. Karim Mostafá Benzema, francés, nacido en Lyon, de padres argelinos, no canta el himno de Francia antes del partido de la selección y  es polémica.

Símbolos, deporte y sensibilidades nacionales. Este mediodía en la radio francesa Europe1 debatían sobre el caso (a partir del 28:25). Si la actitud del jugador es una ofensa, si está dentro de su derecho a la libertad de expresión, qué representa la Marsellesa, cómo debería enseñarse el himno en las escuelas para que todos lo amaran y sintieran como propio. “Si le hubiesen explicado que lo cantaban los republicanos españoles en el 36 o que en el 41 a algunos los fusilaron por cantarlo, tal vez lo apreciaría más”,”Es más que el himno de Francia, es un himno de libertad”.  Un himno y un espíritu que trascienden Francia y que el cine inmortaizó con una escena ya legendaria:

Pero no cuesta imaginar que probablemente el himno francés es menos símbolo de libertad para quienes han sido colonia francesa. Karim Benzema ha nacido en Francia, pero su familia es de Argelia y él ha dicho en repetidas ocasiones que argelina es su sangre y Argelia es lo que él siente como su país.

“El sentimiento nacional es algo íntimo de las personas, que no compete al Estado, no le toca al Estado castigar la ofensa a los símbolos nacionales” ha sido uno de los argumentos de quien defendía el derecho de Benzema a no cantar el himno y a que no se legisle contra el ultraje a los símbolos nacionales. Ha recordado también que en los Estados Unidos la ley no castiga la quema de la bandera, el otro gran símbolo nacional.

En los EEUU viví cómo bajo los efectos patrióticos de los atentados del 11-S hubo intentos -apoyados entre otros por Hillary Clinton,  entonces senadora por Nueva York- de introducir esa enmienda. Pero no triunfaron, prevaleció la primera enmienda a la Constitución,  la que garantiza la libertad de expresión.

Han debatido también la conveniencia de cambiarle la letra a la Marsellesa para que sea menos violenta, más políticamente correcta y acorde con los tiempos. Una iniciativa que yo recuerdo defendía Danielle Mitterand (la esposa del presidente) en los años 90.

Y, de nuevo, han debatido si la actitud de Benzema refleja un fracaso en el modelo de integración francés. Ah, el modelo de integración francés.

Recuerdo el Mundial de Francia en 1998.  Jean-Marie le Pen, el líder ultraderechista del Front National, hizo antes de empezar el campeonato una dura crítica a la selección francesa, les Bleus, porque decía que esa selección llena de magrebíes y negros que no se sabían La Marsellesa no podía considerarse la selección nacional. Gran escándalo. Gran polémica. Gran debate, en unos momentos en que en Francia ya se hablaba de la fractura social, de la malaise, del fracaso de modelo de integración.

Empezó el Mundial y Francia, con esa selección tan poco francesa para el gusto de Le Pen, lo ganó. No sólo lo ganó, sino que dio a las televisiones y al mundo una imagen entrañable de hermandad en ese momento, la de todos los jugadores abrazados en el momento del himno, lo cantaran o no, previo al partido.

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Esa imagen fraternal y multicolor y el trofeo, ¡en casa!, se convirtieron en un símbolo de Francia. Ya nadie los cuestionaba como representantes. Francia no estaba tan mal, esos jugadores de distintos orígenes abrazados por una casua común eran la verdadera Francia. Ese era el tono de las lecturas que se hicieron de aquella victoria y aquella imagen.
Al poco volvió a haber disturbios graves en Francia que pusieron en evidencia la fractura social, en 2002 Jean-Marie LePen conmocionó al país al pasar a la segunda vuelta de las presidenciales, y quince años después de aquel Mundial, ahí sigue Francia debatiendo símbolos, deporte y su modelo de integración. Una lección a sacar es que no hay que precipitarse ni extralimitarse a la hora de buscar símbolos y lecturas interesadas en el deporte. Pero no sé si aprenderemos la lección porque eso tan socorrido y manido de que “el fútbol es así”, también es aplicable a comentaristas y políticos. Son/somos así.

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20 años de Euronews y de la Unión Europea. Mi relato.

El 1 de enero se cumplieron 20 años del arranque de Euronews, la cadena todo información paneuropea con sede en Lyon (Francia).  Arrancó simbólicamente el mismo día que entraba en vigor el Tratado de Maastricht que establecía la libre circulación de personas, mercancías, servicios y capitales entre los miembros, doce entonces; el mismo día   que estrenábamos nombre, dejábamos de ser la Comunidad Económica Europea y nos convertíamos en la Unión Europea. Y nos preguntábamos si el nombre cuajaría.

Sede de Euronews. Ecully, periferia de Lyon (Francia)

Sede de Euronews. Ecully, periferia de Lyon (Francia)

Fue el 1 de enero de 1993. Yo fui una de las pioneras de Euronews y este fin de semana pasado recordaba en un restaurante de la Croix-Rousse con Luis Rivas (uno de los pilares de Euronews hasta hace poco) aquella Nochevieja. Lo recordábamos porque fue una puesta en marcha que cumplimos con el horario previsto por los pelos, terminando de montar los reportajes en el último minuto. Con una precariedad de medios que echó por tierra a las primeras de cambio la idea e ilusión que algunos nos habíamos hecho sobre la CNN europea, que es como se presentó Euronews al público y a los aspirantes a trabajar en ella, en un momento en que la cadena estadounidense estaba en pleno apogeo,  disfrutando aún de los laureles de su mayor gloria, la Guerra del Golfo de 1991.

Los dos años que trabajé en aquel embrión de televisión europea fueron mi inmersión intensiva en la información internacional (varias crónicas al día, con material de agencia), me sirvieron para aprender mucho sobre otras culturas televisivas,  mejorar los idiomas que hablaba y supusieron mi pérdida de inocencia europeísta, que no de mi europeísmo.

Distintas culturas televisivas y no solo televisivas

Euronews arrancó emitiendo simultáneamente en cinco lenguas*, poco comparado con las doce, casi trece, actuales, pero revolucionario en aquel momento. Para hacer eso posible la redacción estaba compuesta por periodistas que dominaban esas lenguas y, por lo tanto, de distintos orígenes. Ahí fuimos a trabajar periodistas de España, de Italia, de Francia, de Suiza, de Alemania, del Reino Unido e, incluso, de los Estados Unidos y Australia. Y se distinguían dos grandes grupos grosso modo por lo que a lenguaje narrativo y concepción televisiva se refiere, los latinos y los anglosajones. En Euronews, era la época de la guerra de Bosnia-Herzegovina, aprendí gracias a mis colegas de otros países que para transmitir la tragedia y la crudeza de la guerra no es necesario ponerle al espectador en la pantalla las imágenes más gore, descarnadas y sangrientas, como solía ser lo más habitual entre españoles e italianos para desesperación e incluso escándalo de los demás. Un mismo montaje visual tenía que valer para todas las lenguas y eso fue -imagino que sigue siendo- una fuente constante de conflicto. Y de enriquecimiento.

Ahí, en Euronews, conviví día a día con el prurito de mis colegas alemanes (generación nacida en los 60) por evitar términos tóxicos que pudieran ser interpretados en boca de un alemán como nacionalistas, prepotentes o racistas. A menudo los textos de franceses, españoles o italianos no pasaban ese filtro, si se caía en la tentación de traducir literalmente al alemán. Recuerdo a dos colegas alemanes viendo un partido de su selección en el Mundial de fútbol de los EEUU en un rincón, en silencio, intentando pasar desapercibidos. Los italianos, en cambio, no vivían para otra cosa e incluso organizaban excursiones a la frontera para ver “sus” partidos en Italia. Era 1994.

En Euronews aprendí día a día la distinta relación intelectual y sentimental que teníamos con Alemania, Rusia, los Estados Unidos, África, Asia e Iberoamérica en función de nuestro país de origen, la cultura que habíamos mamado y los imperios de los que veníamos, por lejanos que nos parecieran. En Euronews aprendí a valorar la cultura latinoamericana que había absorbido casi por ósmosis al crecer en España. Lo que aquí es de cultura general, obvia casi, no lo es en otras culturas. Aprendí a valorar que a lo que algunos aspiraban, aprender español para poder viajar a Latinoamérica, era algo que yo ya llevaba puesto.

Pérdida de inocencia europeísta

Siempre he sostenido que TVE es un microcosmos de España, una empresa donde se reproducen las virtudes, defectos y tensiones del país. De modo similar Euronews me pareció un microcosmos de la Unión Europea. Euronews me enseñó a ponerme en guardia ante el prefijo euro. Ideas grandilocuentes seguidas de realidades precarias e incluso mezquinas. Los foros europeos son los nuevos campos de batalla donde cada uno barre para casa, defiende sus intereses y pelea por sus posiciones. En lugar de bombas y bayonetas se usan otras armas -¡que no es poco!- pero sigue siendo importantísimo elegir los soldados y generales con quienes vas a librar la batalla. Quién mandas a “Europa” a representarte y batirse. Y lo bien armado que estés.

Euronews no fue en aquellos inicios la CNN europea. Se proyectó en la Europa eufórica de finales de los 80, la Europa de los Delors, Mitterand, Kohl, (y en España, González), sobrevalorando la idea e infravalorando los detalles y problemas de la arquitectura, y se materializó ya en época de vacas flacas, en una Europa en crisis que se apretaba el cinturón, aunque desde la perspectiva actual no nos lo parezca. Y de repente me digo que no deja de ser un símbolo más de la UE y pienso en la moneda única. Un proyecto ambicioso que se ideó en aquella Europa soslayando detalles de su arquitectura.

Todas estas reflexiones me han venido a la cabeza este fin de semana pasado en que los pioneros de Euronews, aquellos founding fathers (and mothers!)  nos hemos reunido en Lyon para rememorar aquellas primeras emisiones hace veinte años. Ha sido la ocasión para recuperar a viejos colegas, abrazar a viejos amigos, extrañar a los ausentes y volver al mariposeo divertido y enriquecedor de ir revoloteando de lengua en lengua durante horas como una gimnasia liberadora. El momento de practicar con los hechos individuales un europeísmo crítico, pero europeísmo.

(*) Francés, inglés, alemán, español e italiano.

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Hillary cierra un ciclo de 20 años

Publicado originalmente en http://www.rtve.es el 1 de febrero de 2013

( http://www.rtve.es/noticias/20130201/hillary-clinton-20-anos-montana-rusa/605577.shtml )

Clinton-inauguration

El 20 de enero se cumplieron veinte años de la toma de posesión de Bill Clinton como presidente de los Estados Unidos y, con él, de Hillary Rodham Clinton como Primera Dama. Ese día Hillary –basta con su nombre de pila- saltó a la primera fila de la actualidad nacional e internacional y se montó en una montaña rusa por lo que respecta a la opinión pública sobre ella. Una montaña rusa de la que ahora, veinte años después, al dejar su cargo como titular de Exteriores, se apea. De momento.

Hillary llegó a la Casa Blanca en 1993 precedida por el interés de las feministas y el recelo –fundamentado- de quienes temían que se inmiscuyera en asuntos políticos para los que nadie la había votado. Lo que hasta entonces no había salido del estado de Arkansas –donde Bill Clinton había sido Gobernador- y apenas había emergido durante la campaña electoral iba a trascender a diario a nivel nacional e internacional.

Washington recibió a los Clinton de uñas y la oposición republicana no les dio tregua en los varios escándalos –sexuales y económicos- que los rodearon durante los ocho años de presidencia.

Hillary Clinton (el Rodham, su apellido, quedó definitivamente en la cuneta) en estos veinte años ha sido de todo a juicio de los estadounidenses: una mujer lista, ambiciosa, rencorosa, sectaria, idealista, oportunista, urdidora de operaciones maquiavélicas, esposa ultrajada y fiel, feminista radical y feminista de pacotilla que se lo aguanta todo a su marido. Y como resultado, y sobre todo, una figura polarising, que dividía apasionadamente a los ciudadanos. El estigma que la ha marcado.

Hillary health care

El primer momento estelar de Hillary fue también su primer batacazo y dividió a la opinión púbica. Los congresistas, de ambos partidos, quedaron deslumbrados por su dominio de los datos y dotes dialécticas defendiendo la reforma sanitaria al inicio de la presidencia de su marido, pero esa reforma fracasó y en parte se atribuye al hermetismo y sectarismo con que Hillary llevó el proceso.

I did not have...Según los sondeos, el momento de mayor apoyo popular de Hillary fue al inicio del escándalo Lewinsky. Stand by your man… Al inicio porque a la larga el permanente psicodrama público que ha sido la relación del matrimonio Clinton se convirtió en un lastre, lo que se llamó la Clinton fatigue.

El Pew Research Institute ha elaborado una gráfica y un análisis con los datos de los sondeos sobre Hillary a lo largo de estos veinte años. Viendo la gráfica tal vez hay que concluir que el verdadero Come Back Kid (apodo que se ganó Bill por su capacidad de recuperarse de los fracasos) de la pareja es ella y no él. Hillary la polarising deja, de momento, la primera fila en política con una cota de aprobación muy alta, el 65%. Y lo hace con un perfil propio, liberada ya en estos últimos años de la presencia apabullante y tan útil como entorpecedora de su marido.

Hillary inició su propia carrera a la Casa Blanca el año que Bill dejaba la presidencia, 2000. Y lo hizo presentándose a senadora por Nueva York, un estado en el que nunca había vivido, un movimiento táctico que no le granjeó muchas simpatías. Al Senado llegó con humildad y se fue forjando un perfil de política laboriosa y halcón, en sintonía con el sentir popular tras los atentados del 11-S.
Al finalizar George W. Bush sus ocho años de presidencia ocurrió lo que todo el mundo llevaba años vaticinando, Hillary se presentó a candidata a presidenta. Pero cometió un grave error. Se olvidó de la lección del Senado y salió con la arrogancia de sentirse “la inevitable”, transmitiendo ese “ahora me toca a mí”. Y fue contraproducente como demostraron los resultados. La campaña de primarias, enfrentada a Barack Obama, fue tan reñida y ácida que Hillary volvió a ser antipática para buena parte de la población. Polarising.

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Pero, si Hillary Clinton es algo, es disciplinada. Le costó mucho, muchísimo, aceptar que Barack Obama y no ella iba a ser el candidato, y el presidente, pero una vez que lo hizo se convirtió en público en la mejor escudera de Obama.

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Quienes la conocen no dudan de su voluntad de servicio y su patriotismo y eso, parece, ha calado en los ciudadanos en estos años en que ha viajado por todo el mundo representando a los EE.UU. Hasta el punto de que a día de hoy hay consenso en que, si la edad y la salud se lo permiten, es la mejor candidata para presidenta en 2016. Pero cuatro años en la política de los EE.UU. son mucho tiempo. Y Hillary lo sabe.

Farewell at State Dept

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